
La guerra de Irán ya está entrando en la cocina de los restaurantes españoles
La guerra de Irán ya está entrando en la cocina de los restaurantes españoles
La hostelería española lleva años acostumbrada a convivir con sobresaltos: pandemia, inflación, crisis energética, subida salarial, tipos de interés… Pero el conflicto entre Irán e Israel y el creciente riesgo geopolítico en Oriente Medio puede convertirse en el próximo gran factor que afecte directamente a la rentabilidad de bares y restaurantes en España durante los próximos 3 a 6 meses.
Como sabéis, desde Nexho nos gusta sacar el periscopio por encima del ruido y de los comentarios superficiales y orientaros sobre cómo pueden ser los próximos meses si el conflicto se alarga.
Y aunque pueda parecer algo lejano, la realidad es que la restauración española está mucho más conectada con esa zona de lo que muchos hosteleros imagináis. Porque cuando se bloquean rutas aéreas, sube el petróleo o se tensiona el estrecho de Ormuz, no solo se alteran los mercados financieros: también cambia el turismo, el precio del transporte, el coste de las materias primas y el dinero que las familias tienen disponible para salir a cenar a vuestros bares y restaurantes.
El turismo puede girar hacia España
Uno de los primeros efectos visibles ya está reflejándose en el tráfico aéreo internacional. Muchos vuelos entre Europa y Asia utilizaban hubs estratégicos como Doha, Dubái o Abu Dhabi para hacer escala. Si el conflicto se intensifica y parte del espacio aéreo de la zona se vuelve inseguro o más caro operativamente, las aerolíneas empezarán a rediseñar rutas y los turistas internacionales cambiarán destinos. Además, se encarece que la gente de Europa pueda pensar en pasar las vacaciones de verano en Bali y se complica que británicos y nórdicos quieran acercarse a destinos próximos a Oriente Medio como Egipto, Siria o, incluso, Turquía (que, no olvidemos, tiene 500 kilómetros de frontera con Irán). ¿Quién puede beneficiarse de eso? España.
Especialmente destinos como Madrid, Barcelona, Málaga, Baleares, Canarias o la costa mediterránea. Hay varios perfiles de turistas que podrían redirigir sus vacaciones hacia Europa occidental:
- Turistas asiáticos que cancelen conexiones complejas vía Oriente Medio.
- Viajeros estadounidenses que busquen destinos “seguros”.
- Turismo europeo que descarte destinos del Mediterráneo oriental.
- Viajeros premium que sustituyan Dubái o zonas del Golfo por experiencias gastronómicas europeas.
- En cuanto al turismo nacional, si viajar se vuelve más caro, es posible que la gente pase parte de sus vacaciones en destinos no turísticos, urbanos y de interior. Por no hablar del efecto que tendrá en esas zonas el histórico eclipse de sol del 12 de agosto.
Y aquí, con este cambio del cliente extranjero, la restauración española tiene una oportunidad importante. Porque España no sólo compite por clima y playa. Compite por experiencia gastronómica. Y eso significa más ticket medio, más consumo en restauración y más actividad en zonas turísticas. El problema es que esta oportunidad puede venir acompañada de una tormenta de costes.
El petróleo vuelve a ser el gran enemigo silencioso
Si el estrecho de Ormuz sigue tensionado o parcialmente bloqueado, el petróleo puede dispararse rápidamente ya que por ahí pasa aproximadamente un 20% del petróleo mundial. ¿Y qué pasa cuando sube el petróleo? Que sube prácticamente todo, no solo la gasolina. Suben también el transporte refrigerado hacia nuestros restaurantes, toda la logística alimentaria, los costes de distribución, los envases plásticos, los productos químicos, los fertilizantes, la electricidad y el gas.
Y eso termina llegando directamente a la cuenta de resultados de nuestros restaurantes. Muchos hosteleros todavía recordáis el golpe de 2022, cuando el coste de ciertas materias primas subió un 30%-40% en pocos meses. Pues bien: un conflicto prolongado en Irán podría provocar una segunda ola inflacionaria bastante parecida.
El fertilizante puede convertirse en un problema enorme
Aquí hay una variable que muchos sectores no están viendo venir. Irán y toda la región del Golfo tienen un peso importante en los mercados energéticos y petroquímicos. Y los fertilizantes dependen directamente del gas y de derivados energéticos. Si sube el fertilizante, en consecuencia, suben el coste agrícola, la fruta y verdura, los cereales y la alimentación animal. Y ello repercute en que terminan subiendo carne, lácteos y prácticamente toda la cesta de compra.
Es decir: incluso restaurantes que no dependen de importaciones internacionales podrían sufrir fuertes subidas de costes indirectos. Y además hay un detalle importante: el agricultor español ya viene muy tensionado financieramente. Si el coste de producción vuelve a dispararse, muchos trasladarán precios mucho más rápido que en años anteriores.
El plástico también puede dispararse
Otro gran olvidado, muchos envases, embalajes y productos de uso hostelero derivan del petróleo. Si el barril sube, suben los envases takeaway y delivery, suben las bolsas, las botellas, los films, los productos desechables, los materiales logísticos… y esto impacta especialmente a aquellos negocios que tengan delivery, restauración organizada, el fast casual, las colectividades y los negocios con alto volumen de packaging. Y aunque parezcan pequeñas partidas, en negocios de margen estrecho pueden ser miles de euros anuales adicionales.
La inflación puede volver… y con ella los tipos altos
Sabéis que me encanta entender el impacto de la política monetaria en el día a día de nuestro sector. Aquí llega probablemente el punto más delicado para la hostelería de barrio. Si el petróleo y las materias primas vuelven a disparar la inflación en Europa, el BCE tendrá un problema enorme. Porque el mercado esperaba bajadas de tipos más agresivas en 2026. Pero una inflación persistente podría frenar esas bajadas… o incluso provocar nuevas tensiones monetarias.
¿Y eso cómo afecta a un restaurante?
Muy fácil: las familias tienen menos dinero disponible. Especialmente aquellas que son familias jóvenes, las que tienen hipotecas variables, los barrios dormitorio y las zonas residenciales de clase media.
Si la cuota hipotecaria sube y además suben carburantes, alimentación y suministros, el consumidor recorta primero lo que considera “gasto superfluo”. Y ahí entran cuestiones como cenar fuera, pedir delivery a casa, tomar copas, darse caprichos gastronómicos y, en general, contener el ticket medio en restauración. Ante este panorama y viendo el comportamiento errático de los líderes mundiales, sacar la bola de cristal es todo un desafío… pero, ¿qué pensamos que puede pasar?
Probablemente veremos un fenómeno muy desigual, con una restauración turística funcionando mejor, una restauración premium resistiendo… Pero restauración de barrio sufriendo más presión, especialmente en zonas jóvenes con alta exposición hipotecaria, es posible que el consumidor pueda cambiar radicalmente su comportamiento.
En los próximos meses podría aparecer un cliente mucho más selectivo, menos impulsivo, más racional. Y eso obliga al hostelero a empezar a trabajar desde ya varios puntos… Aquí van nuestros consejos en las áreas en las que deberíais estar más atentos:
- Control obsesivo del margen Ya no basta con vender mucho. El restaurante que sobreviva mejor será el que controle: escandallos, mermas, horarios, productividad, procesos y rentabilidad por plato.
- Carta más flexible Los negocios demasiado dependientes de productos muy volátiles en precio pueden sufrir mucho. Habrá que trabajar menos referencias, más rotación, producto adaptable, compra más dinámica y cartas más cambiantes.
- Experiencia por encima de precio
Cuando el consumidor sale menos, exige más, no gana necesariamente el más barato. Así que debemos mejorar, cuidar y pulir la experiencia del cliente.
La hostelería que mejor va a resistir
Curiosamente, los negocios que mejor pueden navegar esta situación no son necesariamente los más grandes, sino los más ágiles. Los que controlan números semanalmente, cambian rápido, ajustan compras, tienen marca, saben cómo fidelizar clientes, trabajan la experiencia y entienden que la rentabilidad ya no depende solo de llenar mesas.
Porque la próxima batalla de la hostelería española probablemente no será conseguir clientes, será ganar dinero con ellos en un entorno mucho más caro, más incierto y mucho más sensible a cualquier conflicto internacional.
Siempre, desde Nexho, queremos hosteleros preparados, informados y prevenidos. ¡Feliz y rentable quincena, amigos hosteleros!



